¿Recuperará
Puerto Rico su dignidad tras una década de fracasos?

JSGV: Luego tocar el
cielo ese 15 de agosto de 2004, cuando le propinamos la primera derrota a un
“Dream Team” de los Estados Unidos en unos Juegos Olímpicos vía paliza 92-73 y
dejamos claro que no eran invencibles como se pensaba, el prometedor rumbo de
baske boricua se desmoronó. ¿Soñar con el oro olímpico era una utopía? “Negativo,
ya ganamos algo más que oro, le ganamos una batalla al imperio.” Sin embargo, ese
triunfo mundial se transformó en delirio de grandeza. Lituania nos dio el
primer pellizco, luego Angola nos hizo pasar un susto que solo quedó en un
susto, Grecia nos puso a dudar y, finalmente, Italia nos extendió la escalera
para bajar de la nube. Entonces, la meta principal que era alcanzar una presea olímpica,
que pudo ser realidad en el 2004, ha cambiado, ahora la meta es simplemente
clasificar a los Juegos Olímpicos. Fallamos a Pekín 2008 y fallamos a Londres
2012. Hemos clasificado por derecho propio a dos de los pasados tres mundiales
y en los tres hemos caído eliminado en la primera fase. Tratamos con Manolo, con Flor, con el sistema
europeo de Olmos y ninguno trajo frutos en certámenes intercontinentales. Ahora
contratamos al exitoso dirigente de la Universidad de Louisville Rick Pitino,
exitoso en la NCAA, no en la NBA y sin experiencia en el baske internacional,
pero con un real compromiso de regresar el baske boricua al mapa mundial. A
pesar de las ausencias, por “x” o “y” razón y no por lesión , de Carlos Arroyo,
David Huertas, Peter John Ramos y Ricky Sánchez, y la lesión de Maurice
Harklees y Devon Collier, Puerto Rico tiene el material, el cuerpo técnico y la
preparación para asegurar el boleto a Rio en este Preolímpico. El regreso de
John Holland al seleccionado le añade a Puerto Rico en ambos lados de la
cancha. La clave estará en que la ofensiva no recaiga exclusivamente en los
hombros de nuestra principal arma ofensiva Jose Juan Barea, por tanto, segundas
voces ofensivas como las Ángel Daniel Vasallo, Renaldo Balkman y John Holland serán
importantísimas en las aspiraciones de los boricuas. Puerto Rico con el Barea
de siempre, con un Balkman dejando el pellejo en el tabloncillo, con la imparable
flotadora de Vasallo, con el mejor juego defensivo de Holland, con los últimos triples
al nivel internacional de Ayuso y con Jorge Brian Díaz sacando los ojos verde
de Hulk (como dijo Pitino) y en plenitud de salud, Puerto Rico debe estar
luchar el oro ante los canadienses.
JMEM: ¿Realmente hemos
perdido nuestra dignidad? ¿Cómo se pierde eso? Es difícil contestar esa
pregunta sin pensar la cuestión política que envuelve nuestra crisis deportiva.
Hablar de dignidad en el deporte resulta problemático cuando no hay dignidad
política, cuando no hay un norte. El deporte es una construcción de identidades
para construir otra colectiva. Por eso hay que empezar primero a problematizar
nuestro significado, nuestros fines y principios como ciudadanos e individuos,
para entonces sumergirnos en aguas más profundas o al menos, más calientes. Hay
que empezar por ahí. Hay que empezar a problematizar la realidad que
enfrentamos como sociedad, como país, antes de problematizar el producto de
ello. ¿Hemos fracasado? No lo sé. Quizás hemos cumplido con el sistema. Queda
de los muchachos la gesta y del país dormido, la gloria. La oportunidad está,
¿y los medios? El reto de los nuestros
es nadar contra la corriente, luchar contra el sistema y contra la
insuficiencia que se desprende de él para contaminar mentes y corazones con la
ayuda de la prensa. Talento hay, ¿y compromiso? Claro que sí, todos merecemos
una segunda oportunidad en la vida.
MGC: Tras fallar en
conseguir el pase a Pekín 2008 y Londres 2012, Puerto Rico llega a Ciudad de
México con la presión de que otra eliminación significaría la sequía olímpica
más larga desde que debutaron en Roma 1960.
Como suele ser costumbre, la preparación de los boricuas estuvo plagada
de inconvenientes y controversias de todo tipo, que incluyeron la no
convocatoria del capitán de la selección por la pasada década, Carlos Arroyo,
la indisposición de canasteros que hubieran jugado papel importante, como Ricky
Sánchez, Peter John Ramos y David Huertas y las lesiones de última hora de los
delanteros Moe Harkless y Devon Collier.
Así las cosas, Puerto Rico se encuentra, como la mayoría de las
selecciones del certamen, diezmado. Rick
Pitino dirigirá una escuadra de poca estatura y fuerza encabezada por el nuevo
líder indiscutido, José Juan Barea.
Nuevamente, Renaldo Balkman tendrá que dejarlo todo para que los 12
Magníficos puedan competir cerca del canasto en ambos lados de la cancha. Aparte de la contribución casi garantizada
que brindan estos dos estelares, y ante las dudas con la salud de John Holland,
la selección llegará tan lejos como jugadores de poca prominencia en el pasado
ciclo, como el armador Carlos Rivera, el alero Ángel Daniel Vassallo y el pívot
Jorge Bryan Díaz se lo permitan. En la
Copa Tuto Marchand, donde Puerto Rico dejó buenas sensaciones, Vassallo y
Rivera se erigieron como los jugadores de más minutos en la rotación de Pitino,
y no sería de extrañar que vean roles similares en el clasificatorio. La profundidad del quinteto crea dudas, al
tiempo que Richard Chaney y Ramón Clemente fueron las figuras más confiables saliendo
del banco en la Tuto. Si el veteranísimo
Larry Ayuso se calienta con el sol mexicano podría ser de gran ayuda para un
combinado que necesita malamente su puntería a distancia. Sumando y restando, sería una sorpresa
agradable que Puerto Rico lograra colarse directamente en Río de Janeiro, pero
la situación actual apunta a que tocará sufrir en otro repechaje olímpico.